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Conductas compulsivas

elcomecio.com, 25 de septiembre de 2006

Las personas que sufren de una adicción psicológica temen pedir ayuda porque no se consideran enfermos o porque sienten vergüenza
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Las personas que sufren de una adicción psicológica temen pedir ayuda porque no se consideran enfermos o porque sienten vergüenza
Pasan diez años de media antes de que un persona que sufre una adicción no tóxica pida ayuda. «Cuando han bajado al infierno y abierto la puerta, vienen gritando: 'Dios mío, sácame de aquí'». Las psicólogas Patricia Calero y Elena López de Calle conocen bien la enfermedad. En su gabinete han tratado a cientos de afectados. Personas que no están enganchadas a ninguna droga, a las que muy pocos prestan atención y que niegan sistemáticamente su dependencia. «Hay una delgada línea roja entre una afición y una adicción, y los implicados tienden a pensar que son exageraciones de los demás. Los mecanismos de negación son más intensos que en las adicciones químicas», afirma Enrique Echeburua, catedrático de Psicología Clínica.

La Real Academia Española define 'adicción' como «el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna droga tóxica, o por la afición desmedida a ciertos juegos». En términos médicos, es la dependencia psicofisiológica habitual a una sustancia o práctica que escapa del control de la voluntad. Para quien está afectado, supone un calvario que interfiere en su vida cotidiana. Una pérdida del control sobre los impulsos de realizar una conducta y falta de interés por otras actividades gratificantes.

«Las adicciones sin droga son conductas que por sí mismas no son adictivas, pero que la persona realiza para escapar de su vida», explican Calero y López de Calle. Se trata de comportamientos que se pueden convertir en patológicos si se realizan de manera excesiva e inadecuada y sobre todo si con ellos se intenta paliar sentimientos negativos. «Todos conocemos el riesgo que implica un tío vendiendo papelinas frente a un colegio, pero, si un chico está, a diario, seis horas frente al ordenador, la madre piensa: 'Qué listo es mi niño. Será ingeniero informático'. No se le ve como a un enfermo».

Sin duda, es una enfermedad con muchas caras. La más conocida es el juego patológico, «a la que sí se da cobertura en los medios», pero otras como las compras compulsivas, la sobreingesta psicológica, la adicción al trabajo, la dependencia emocional y la adicción al sexo o los videojuegos están creciendo de forma alarmante. Además, la tecnología hace cada vez más fácil el acceso: compras en línea, sexo en internet, casinos virtuales... «En Estados Unidos hemos detectado casos en las que la persona se engancha a las subastas en línea. En especial, al servicio E-Bay», comenta Parry Aftab, experta en seguridad infantil en la Red. Más sorprendente es lo que sucede en Inglaterra, donde los adolescentes ponen a la venta estrategias de combate para superar las pantallas de un videojuego en las que han invertido meses de trabajo. «Se mueven cantidades increíbles, miles de libras de las que no disponen los jóvenes, que no siempre son conscientes de que se trata de dinero real», relata Aftab.

Diversidad de adicciones

Una característica común a todas las adicciones no tóxicas es que por lo general los afectados se lo ocultan incluso a su entorno más íntimo. «Es muy difícil que una persona reconozca abiertamente que es adicta», comenta López de Calle. Hay casos escalofriantes: comedores compulsivos que rebañan los restos de los envases vacíos de la basura a medianoche, para que sus parejas no se den cuenta de lo que les pasa; otros dispuestos a soportar cualquier comportamiento de su compañero como mal menor frente a la soledad; jóvenes que no duermen para jugar a la consola, ya que durante el día tienen que trabajar

Y todos ellos realizan manifestaciones similares en la terapia: «Me siento fatal cuando hago lo que hago, ese sentimiento me genera culpabilidad, me genera una angustia que evito repitiendo la conducta». «Estoy metido en un círculo vicioso del que no puedo salir. Me avergüenzo de mí mismo». Incluso se dan casos de adictos a las compras que deben más de 60.000 euros a servicios de crédito telefónico instantáneo sin que su familia sepa nada. «Los créditos rápidos les están arruinando la vida a los que padecen adicciones de dinero», lamenta Calero.

Pero siempre hay luz al final del túnel. «No es necesario tocar fondo para salir», coinciden los expertos. Lo importante es pedir ayuda y cuanto antes mejor, sin esperar diez años para reaccionar. Y sobre todo abandonar «la fantasía de que se puede salir por uno mismo, el autoengaño de que su problema no es para tanto», concluye López de Calle.
 

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